jueves, 26 de mayo de 2016

Por qué China no es "capitalista": el papel del Estado en el desarrollo económico de China (1ª parte)

Sede del Banco Popular de China en Beijing
 
El artículo que viene a continuación recoge extractos seleccionados por Michael Bauwens de la P2P Foundation (http://p2pfoundation.net/) del ensayo de Jonathan Clyne "El milagro económico chino  ¿Un triunfo del capitalismo o de la economía planificada?". El autor pertenece a la red Socialist Network, que parece ser de tendencia trotskista por sus citaciones de Trotsky y sus continuas referencias a la "burocracia" (palabra que emplean los trotskistas para referirse a los partidos comunistas en el poder) así como otras referencias a la "dictadura", los "regímenes estalinistas" y los "estados obreros sanos", concepción metafísica que idealiza un estado obrero "puro" y que viene a reafirmar que los estados socialistas habidos en el pasado y que siguen existiendo en la actualidad son estados "burocratizados". En otras palabras, para los trotskistas el único país socialista que vale es el que no existe (¡contradicción hegeliana donde las haya!)

Nótese que, por definición, todo estado está dotado de una burocracia (según el diccionario de la RAE es la "organización regulada por normas que establecen un orden racional para distribuir y gestionar los asuntos que le son propios"), y que a diferencia del anarquismo, el marxismo (incluyendo el trotskismo) defiende la necesidad del estado bajo el socialismo. Con lo cual, limitarse a hablar de "burocracia" en sentido peyorativo no ayuda a clarificar mucho las cosas. Mayor confusión se añade cuando los propios trotskistas como Jonathan Clyne dicen que la "burocracia" es una capa acomodada que de alguna manera está separada de la clase obrera, pero no es una clase independiente en sí misma. Con lo cual, la "burocracia" es un estrato social que quedaría en una especie de limbo por encima de la realidad terrenal. No cabe duda de que en todo estado socialista y en todo partido comunista existen burócratas, pero da la impresión que cuando hablan de "burocracia", los trotskistas en realidad quieren decir "comunistas".

Entonces, como es lógico, el artículo es muy crítico con China. Denuncia la explotación laboral que sufren en las ciudades los migrantes que provienen del campo, y califica a los dirigentes chinos de burócratas despreocupados por las condiciones de vida de la clase obrera. Ahora bien, es un artículo muy interesante para los objetivos que nos proponemos, porque defiende sin vacilación la tesis de que China no es un país capitalista. Para ello se basa en elementos como el carácter planificado de la economía china, el peso del estado en la economía y sobre todo la "discriminación" de la que son objeto las empresas privadas (nacionales y extranjeras) a la hora de recibir créditos de los bancos estatales. 

Es posible, no obstante, que este último dato ya esté obsoleto (el artículo es del año 2012). En noviembre de 2013 publicábamos el artículo de Jo Cottenier titulado "¿Hacia dónde va China?" en el que se detallaban las decisiones importantes adoptadas en la III Sesión Plenaria del Comité Central del PCCh. Cottenier escribía entonces que "El Estado se retirará aún más y creará un solo marco para un mercado que se ha convertido en "decisivo" a la hora de elegir las inversiones y el reparto del capital (dónde y cómo). Las decisiones sobre las inversiones serán menos controladas por el Estado y se dejarán a la "mano invisible" del mercado. El Estado pondrá menos trabas a un libre mercado y dejará que se juegue "más limpiamente" la competencia entre empresas públicas y privadas"

Dicho esto, podríamos creer que las últimas reformas decididas en la III Sesión Plenaria son una concesión hecha por el Partido Comunista al sector privado, fruto de la dura lucha de clases que existe dentro Partido y del Estado en China. ¿Se trata de una concesión excesiva o es algo que beneficiará al propio socialismo en China? El tiempo lo dirá. Pero el caso es que nos parece muy valioso que un autor de filiación trotskista tenga que rechazar de plano que China sea un país capitalista. Tesis que compartimos y por este motivo reproducimos aquí los extractos de su libro. 

Por su relativa extensión, hemos decidido dividir la publicación de los mismos en dos partes. 

Una mujer pasea ante los locales de Aviation Industry Corporation of China (AVIC) en Beijing

Una economía en transición es aquella que se establece después de que el capitalismo y la propiedad terrateniente hayan sido abolidos, y por lo tanto existe una verdadera economía socialista. Es bastante común que los puntos de vista sobre las economía en transición se vea influenciado por las experiencias pasadas en la Unión Soviética, Europa del Este y China. Es fácil sacar la conclusión de que una economía en transición que funciona bien es igual a cómo eran gestionadas las cosas en el pasado, exceptuando el régimen dictatorial y el control y la gestión de los trabajadores. En realidad, las cosas son bastante más complejas. En los regímenes estalinistas la economía es deformada con respecto al modelo económico socialista, en una medida mucho mayor, puesto que el plan era decidido y se implementaba de manera burocrática. Aparte de la ausencia de democracia obrera, la economía era deformaba en al menos otros tres aspectos: 

1) La no participación en el mercado mundial,
2) La abolición de los precios de mercado, y
3) La nacionalización de sectores económicos que no sean las palancas fundamentales de la economía.


Este documento muestra que ha sido la corrección de estas deformaciones, y no la introducción del capitalismo, lo que ha sido 
la clave del milagro económico chino.

Discusión:


Hoy en China el estado controla las palancas fundamentales de la economía, y por medio de los bancos estatales, el presupuesto del estado y los planes quinquenales, puede tomar decisiones sobre la dirección que debe tomar la economía. El órgano de la planificación estatal, la Comisión para la Reforma y el Desarrollo Nacional (CRDN) diseña los planes quinquenales que después son aprobados por el Partido Comunista. La Comisión Estatal para la Supervisión y Administración de los Activos del Estado (State-Owned Assets Supervision and Administration of the State Council
SASAC) controla el flujo de inversiones hacia las Empresas de Propiedad Estatal (State Owned Entreprises  SOE) y se asegura de que la economía vaya por los cauces fijados por el plan quinquenal. La SASAC fue creada en 2003 como instrumento para fortalecer el control del gobierno central sobre la economía. 

El gobierno chino no solamente controla el flujo de inversiones. También elige a los directivos de las empresas. Cuando el gobierno estimó que los directivos de las dos empresas de telefonía móvil y las dos empresas de telefonía fija gastaban demasiado tiempo compitiendo la una con la otra, decidió intercambiar los puestos de los directos, obligando cada uno a ocupar el puesto del otro, de manera que aprendan a cooperar mejor. 


En las palancas fundamentales de la economía, el estado intentó hacer más que controlar la inversión y establecer objetivos cualitativos para las áreas donde debe ser desarrollada la economía. El estado establecía objetivos cuantitativos para toda la economía, de manera que tantos coches tenían que ser producidos a tal o cual precio y con tal o cual color; tal cantidad de acero con una multitud de dimensiones y cualidades diferentes; tal cantidad de tomates para tantos trabajadores, etc. Era de un método de planificación extremadamente engorroso que ni siquiera podría implementarse en economías avanzadas. Requeriría décadas de desarrollo tecnológico. Implica una producción just-in-time aunada con una supervisión instantánea del flujo de existencias en los puntos de distribución y la retroalimentación consciente de los consumidores. Los grandes rasgos de estas posibilidades pueden verse hoy en ciertos sectores de las economías avanzadas. El fenómeno de la década pasada década – informatización generalizada e internet – son pilares esenciales de ello. La motivación principal de la planificación es la abolición de la anarquía del mercado. Esto implica abolir la competencia entre grandes compañías privadas, y resituar esta competencia dentro de un plan general. El estado central no debería ocuparse de detalles de los que puede ocuparse la gente en niveles inferiores. Así es más o menos cómo funcionan las cosas en China hoy.



El peso del estado en la economía

La imagen que se presenta en los medios occidentales es la de que las Empresas de Propiedad Estatal, las SOE, están a punto de morir. Pero las industrias del “cinturón del óxido” se niegan a hacerlo. Un documento con el título “Explicar la persistencia de la propiedad estatal en China” demuestra que en los últimos 10 años el número de SOE se ha reducido dramáticamente de 84.937 a 29.229, pero la proporción de las SOE en el conjunto del sector industrial se ha mantenido de manera constante alrededor del 33-34%, elevándose ligeramente en 2003 y 2004 al 35.5% y 37% respectivamente. Considerando que el conjunto de la producción industrial se ha incrementado mucho durante el último periodo, esto supone una gran expansión de las SOE. El empleo en las SOE cayó un 40% entre 1998 y 2003, al mismo tiempo que mantenían su participación en el PIB. Esto supone un incremento considerable de la productividad en las SOE, teniendo en cuenta particularmente que el PIB dio un salto adelante durante este periodo. 90 empresas chinas, todas ellas SOE, estaban en la lista Fortune Global 500 de las mayores empresas del mundo en 2005. 


La SOE dominan por completo las industrias de capital intensivo. Es difícil imaginarse cómo los capitalistas chinos podrían ser hoy capaces de competir con los recursos que tiene el estado en estas áreas. Ni siquiera las multinacionales extranjeras, con todos los recursos de que disponen, son capaces de ello. Aunque los directivos de las empresas estatales tengan cierta independencia a la hora de decidir cómo disponer del plusvalor creado por los trabajadores en sus industrias, esto no les convierte en capitalistas. Como apuntó Trotsky: “Los mayores apartamentos, los bistécs más jugosos e incluso los Rolls Royce no son suficientes para transformar la burocracia en una clase dominante independiente”.


Para comprender plenamente el papel del sector estatal en la economía, no es suficiente con mirar su proporción en el PIB ni su grado de concentración. También es importante, si no lo es más, mirar en qué proporción se canalizan las inversiones a través del sector estatal, porque las inversiones son la fuerza motriz de la economía. Bajo el capitalismo, a razón de la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, las inversiones son la clave de los ciclos de auge y ganancia. Afortunadamente, las estadísticas sobre inversiones en capital fijo (en edificios y maquinaria) son mucho más precisas e indiscutibles que las estadísticas sobre el PIB. 

Éstas se dividen en cuatro periodos. 


Inversiones del estado como porcentaje de las inversiones totales

- 1981-1989 (“los rugientes años ochenta”): 78.6%
- 1990-1992 (el periodo post-Tiananmen): 81.2%
- 1993-2001 (la restructuración de las SOE): 86.7%
- 2002-2005 (la post-reconstrucción): 85.3%


Estas cifras son realmente impresionantes. No solamente demuestran que el estado juega un papel absolutamente decisivo en la economía, sino que las inversiones del estado en relación a las inversiones totales se han incrementado sustancialmente desde los años 80, para bajar de nuevo ligeramente sólo entre 2002 y 2005. Esto confirma que en lugar de dirigirse hacia el capitalismo en los años 90, China se distanció del mismo. Con toda seguridad la actual crisis financiera hará que crezca de nuevo la parte de las inversiones del estado, posiblemente a su mayor nivel desde 1978.


Cuando un profesor de economía estadounidense viajó a Shanghái en 1998 para investigar sobre el terreno, le pidió a un funcionario del gobierno que le presentara algunos empresarios privados. El funcionario le miró de forma incrédula y le dijo: "¿Es usted un profesor de Harvard? Como profesor de Harvard, ¿por qué no le interesa la gente que vende melones, té y manzanas podridas en la calle?" Puede que aquella fuera una manera exagerada de ver la insignificancia del sector privado, al menos fuera de Shanghái, pero no estaba tan lejos de la realidad. Las empresas privadas en China producen cosas como bolígrafos, calcetines, zapatos, juguetes, corbatas y artículos de decoración navideña. Son fuertes en la industria de la construcción. Emplean carpinteros, fontaneros y electricistas, pero la mayor empresa de construcción, que figura en la lista Fortune 500, es de propiedad estatal. Esta empresa se llama China State Construction y emplea a 294.000 personas. El sector servicios es mucho más pequeño que en cualquier otra parte del mundo en comparación con la manufactura. Los servicios, donde se encuentra el 55% de las empresas privadas, se ocupan de los turistas, la restauración y la peluquería entre otras cosas. Estos son sectores que difícilmente podrían ser nacionalizados, incluso en un estado obrero sano. La independencia de las empresas privadas es limitada, debido a que muchas dependen del estado para los suministros, la distribución e incluso los clientes. Un síntoma de ello era que según una encuesta del año 1995, en 154 empresas privadas en las que el estado poseía una minoría de las acciones, de un promedio del 30%, seguía teniendo el 50% de los asientos en sus consejos de administración. A diferencia de lo que ocurre Occidente, no se permite delegar el voto en las juntas de accionistas. Esto favorece a los que poseen muchas participaciones. En China, resulta que en muchas ocasiones es el estado. 


En algunos aspectos, la contribución de las empresas privadas resulta impresionante. El 70% de los mecheros del mundo son fabricados por empresas privadas chinas en la ciudad de Wenzhou (Wenzhou, y no Shanghái ni Beijing, es la verdadera capital del capitalismo chino). Sin embargo, estos mecheros son fabricados por 3.000 empresas pequeñas, algunas especializadas en componentes y otras en el montaje final. Su peso específico en la economía china no es muy grande. El 90% de las empresas privadas emplean a menos de 8 personas. Empresas de este tipo no pueden competir con las gigantescas SOE. Shanghái se presenta a menudo como la ventana hacia el capitalismo en China. Esto no es más que una campaña publicitaria de la burocracia china para atraer inversiones extranjeras hacia las joint-ventures. Aunque Shanghái sea la región más rica de China, su sector privado autóctono se encuentra entre los más pequeños. Los salarios son elevados, pero la renta fija por activos (ingresos por acciones, propiedades, terrenos, cuentas bancarias) es de las más bajas del país. La inversión privada en activos fijos alcanzó su nivel máximo en 1985 y desde entonces ha ido disminuyendo cada año. En 2004 volvió a alcanzar el nivel máximo en términos absolutos, alcanzado en 1978. 

Esto no resulta sorprendente cuando uno sabe que existen muchas restricciones políticas, legales y financieras para la empresa privada. Algunos ejemplos: los profesores, funcionarios, gerentes de empresas de propiedad estatal y los trabajadores de las organizaciones sin ánimo de lucro no han sido autorizados a abrir negocios por cuenta propia; el gobierno de Shanghái hizo cumplir rigurosamente las disposiciones sobre urbanismo que determinan qué terrenos pueden ser empleados por las empresas y controla firmemente las transacciones de terrenos; los proyectos de infraestructura crítica están prohibidos para las empresas privadas. Es por este motivo, y no otro, que con sus 17 millones de habitantes Shanghái ha logrado alcanzar una renta per cápita similar a la de Portugal.




Las bolsas de Shanghái y Shenzhen han explotado (y luego han ido decayendo), pero esto tampoco supone una transición al capitalismo. Una proporción abrumadora de las empresas que cotizan allí son SOE. 

También es importante señalar que las acciones chinas son de una naturaleza muy diferente de las del mundo capitalista. Las acciones chinas no dan derecho al propietario de las mismas a poseer parte de los activos de la empresa. Así, aunque el 100% de las acciones fueran propiedad privada, los titulares de las mismas no podrían sacar las máquinas de las fábricas y venderlas, puesto que seguirían siendo propiedad del Estado. No resulta sorprendente por lo tanto que Stephen Green, del Royal Institute of International Affaires, escriba: “La bolsa ha sido utilizada para apoyar la política industrial nacional y subvencionar la reestructuración de las SOE, no para permitir que las empresas privadas obtengan capital.”


Una de las partes más importantes del sector privado es la agricultura, que representa un 12% del PIB. Esto supone cientos de millones de campesinos que poseen pequeños terrenos que arriendan al estado. El estado es su principal cliente y distribuidor. En 1998 el estado reforzó su control sobre la agricultura. 


La inversión directa extranjera (IDE) es otra parte de ese sector privado. ¿Está el sector privado haciéndose un hueco en la economía planificada? Ya a principios de los años 80, el capital extranjero empezó a llegar desde Hong Kong, Taiwan, Macao y en menor medida desde Malasia, Indonesia y otras partes de la diaspora china. Parte del capital también vino del interior de China para luego ser puesto en circulación vía Hong Kong ,para sacar provecho de las ventajas ofrecidas a las empresas extranjeras.


Las empresas en estas zonas disfrutan de incentivos fiscales y de una mayor independencia. Muchas de ellas importan componentes desde fuera, los juntan en China y luego los exportan, pero todo este proceso tiene muy poca relación con el desarrollo en el resto de China. El nivel técnico de la producción no es particularmente alto. Las empresas se dirigen hacia las ZEE porque la mano de obra es barata y porque el gobierno ha construido excelentes infraestructuras para ellas.


En la práctica tienen licencia para explotar como quieran. Emplean principalmente a mano de obra inmigrante que huye de la pobreza en las zonas rurales atrasadas. Muchos de estos migrantes no están autorizados a registrarse oficialmente como residentes urbanos, y por lo tanto no tienen derechos. Llevan una existencia semi-legal. Trabajan muchas horas y duermen en la fábrica o en barracones, y son objeto de todo tipo de abusos y acosos por parte de los empresarios. Esto es pura explotación imperialista, con un beneficio muy limitado para China.


La provincia de Guangdong alrededor de Hong Kong y Macao, tiene la mayor concentración de ZEE y también es la región donde han existido durante más tiempo. Allí las condiciones de vida son tan malas que la esperanza de vida ha bajado de los 73.9 años en 1981 a los 73.27 años en 2000. En comparación, la esperanza de vida media en el conjunto de China se ha incrementado en 3.2 años durante el mismo periodo. Hay muchas razones que explican por qué la burocracia china ha autorizado estas inversiones, pero ninguna de ellas tiene mucha relevancia para los trabajadores, de cuyas necesidades la burocracia parece estar dispuesta a prescindir.


Huelga de trabajadores de IBM en Shenzhen, provincia de Guangdong

No es accidental que las ZEE estén concentradas alrededor de Hong Kong y Macao y el área alrededor del estrecho de Taiwan. La burocracia china quería integrar económicamente a estas regiones, como preparación para la integración política. Esto refleja sobre todo la necesidad de completar la formación de una nación-estado integrada.


La burocracia también ha utilizado estas zonas (junto con otras exportaciones) para adquirir una gran reserva de divisas extranjeras. En septiembre de 2008 estas reservas alcanzaron la cifra de 1.9 billones de dólares. Esto es mucho más que cualquier otro gobierno en la historia. Las reservas están siendo utilizadas como muleta del imperialismo estadounidense. Esto no está en el interés de los trabajadores chinos ni de los trabajadores estadounidenses. Pero esto no parece importante para la burocracia china.


De nuevo, está claro que la existencia de una dictadura burocrática desperdicia recursos y capital humano. Un estado obrero sano nunca habría permitido IDE en las ZEE en estas condiciones, y ello no habría sido una gran pérdida para la economía china. Si los trabajadores conquistasen el poder en China, transformarían inmediatamente las condiciones de trabajo en las fábricas de las ZEE y utilizarían las divisas extranjeras para la industrialización.


Pero las inversiones provenientes de la diaspora china en las ZEE desde principios de los 80 sólo nos dicen parte de la historia de la IDE en China. Las inversiones que el gobierno chino considere importantes para la economía china en conjunto, y no solamente como fuente de divisas extranjeras y prestigio político, son objeto de un control mucho mayor.


Desde mediados de los años 90 la gran mayoría de las multinacionales se han establecido en China, la mayor parte como joint ventures conjuntamente con el estado chino. Sin embargo, pese a todo el bombo anunciado, muchas empresas privadas han tenido problemas en China. “Actualmente el gobierno central y los gobiernos provinciales 
en China están regulando escrupulosamente las IDE, o al menos lo intentan. En muchas ocasiones, la entrada de firmas extranjeras está condicionada a la consecución de objetivos industriales fijados por el estado. Las empresas extranjeras son bienvenidas cuando estos objetivos no pueden ser alcanzados por empresas domésticas. La entrada de una empresa extranjera puede está sometida a numerosas condiciones, como por ejemplo emplear a proveedores locales, estar localizadas en áreas determinadas o el establecimiento de operaciones locales como joint ventures. Los monopolios internacionales tienen que aceptar una tasa de beneficio en China inferior a la de cualquier otro lugar. Un estudio del Departamento de Comercio de los Estados Unidos conducido por la revista de investigación China Economic Quarterly indicó que los beneficios directos e indirectos realizados por los socios estadounidenses en China alcanzaron la cifra de 2.800 millones de dólares en 2001 menos que los 4.400 millones obtenidos en México, con una población de sólo 100 millones de habitantes. Aunque no cabe duda de que la tasa de beneficio ha mejorado, muchas empresas ni siquiera están cubriendo sus gastos de capital, y mucho menos obteniendo un buen rendimiento por sus inversiones. 

Según Norman Villamin de Morgan Stanley, algunas multinacionales rebajan deliberadamente las tasas de rendimiento exigidas por sus operaciones en China para sacar adelante proyectos que en condiciones normales no exigirían calificación, y hacer cargar los costes a la oficina central para que la división china de la empresa parezca más rentable de lo que es. Sencillamente, no pueden permitirse el no tener su parte del pastel en China - el mercado más creciente del mundo. The Economist escribió: "De manera demasiado frecuente, un gobierno sin visión a largo plazo parece considerar la inversión extranjera como un vaca de dinero que debe ser ordeñada.” Lo que es peor para muchas empresas extranjeras, es que están siendo aventajadas en la competencia por empresas estatales chinas. Como empresas independientes, las empresas estatales no tendrían ninguna oportunidad, pero como parte de una economía planificada y con el apoyo del crédito barato de los bancos estatales, les está yendo muy bien. Ningbo Bird y TCL, dos empresas de telefonía móvil de propiedad estatal, han superado a Motorola y Nokia en China, pese a que China es el segundo mayor mercado de Motorola (y Motorola es la mayor empresa extranjera en China). Procter & Gamble tuvo un buen comienzo en la venta de champú, pero fue aventajada rápidamente por sus competidores chinos. La cuota de mercado de Procter & Gamble ha pasado de ser de alrededor del 50% en 1998 a 30% en 2002. La aventura de Whirpool en China ha terminado con la empresa vendiendo los productos de sus propias marcas en China. Su lugar ha sido ocupado por una empresa de propiedad estatal, Kelon, que las ha subcontratado.

Las condiciones de trabajo son generalmente muy buenas y los salarios relativamente altos para los empleados de las grandes multinacionales en China. El Partido Comunista ejerce un fuerte control sobre las empresas extranjeras consideradas decisivas para el desarrollo de China. Tomemos el ejemplo del gigante estadounidense de los procesadores informáticos Intel. En un libro del profesor de Harvard Tarun Khanna, el trabajo de un empleado estadounidense de Intel en Shanghái en 2002 es descrito de la manera siguiente: “El trabajo en el laboratorio era minucioso y en interacción continua con el gobierno. Con el gobierno de Shanghái no había la misma burocracia lenta que él asociaba a los proyectos a nivel federal [se refiere a proyectos con el gobierno de los EE.UU. – NdT]. En China, el gobierno exigió resultados e impuso unos plazos de trabajo agresivos. Su jefe le dijo, ‘Los dirigentes de la rama local del Partido Comunista han fijado los plazos de cumplimiento y están revisando el producto terminado. No te resultará cómodo decirle que no a un miembro del Partido Comunista'.”


Empresas de aldea o municipio (Township and Village Entreprises – TVE)


Las TVE consisten en pequeñas y medianas empresas, algunas orientadas a la exportación, que existen principalmente en las aldeas rurales y pueblos. Tienen toda una mescolanza de formas de propiedad. Algunas son claramente propiedad de los gobiernos locales y son gestionadas por los mismos, otras son arrendadas a empresarios que las gestionan para gobiernos locales. Otras son empresas que han sido privatizadas, pero entre las TVE también hay empresas familiares de nueva creación y “uniones empresariales”, un eufemismo para designar a empresas privadas más grandes. En 1996, año en que las TVE emplearon a más trabajadores, 60 millones de personas estaban en las TVE de propiedad colectiva. Otros 51 millones estaban empleadas en negocios familiares y sólo 25 millones estaban en empresas privadas. Por lo que, a fin de cuentas, aunque el 67% trabajaba en las TVE privadas, sólo el 40% de la producción salió de ellas, lo cual es un indicador de las pequeñas dimensiones de las TVE privadas.


En las regiones más pobres y más atrasadas de China, como Guizhou, Henan y Guangxi, las TVE representan una parte importante de la economía (50-60% de PIB), pero en ricas áreas industriales como Shanghái, Beijing y Tianjin son insignificantes (6-12%). Una TVE típica suele emplear a unas 25 personas en las empresas de aldea y unas 75 en las empresas municipales. Estos trabajadores tienen condiciones de trabajo peores que en las SOE. En términos generales, las TVE son un término medio entre la economía planificada y el capitalismo. A diferencia de las SOE, no tienen un acceso privilegiado a los créditos de los bancos estatales. Y formalmente hablando, no forman parte del plan estatal, pese a que muchas veces sean dependientes de las SOE, tanto como compradoras como vendedoras.

La ciudad de Huaxi, provincia de Jiangsu,  anunció en 2012 que sería la primera en tener una compañía de aviación gestionada por una ciudad

Tras el derrocamiento del capitalismo habrá todo tipo de empresas híbridas que no serán ni puramente capitalistas ni puramente socialista - no solamente del tipo de las numerosísimas TVE, sino también empresas cooperativas y otras empresas privadas con un elevado grado de control obrero.


Conclusión: el cuadro general


Si juntamos todo, obtenemos la siguiente imagen:


1. Cerca de un tercio del PIB es producido por las SOE. Están altamente concentradas y dominan por completo la inversión. Dirigen los sectores decisivos de la economía.


2. Cerca de un tercio de la economía es privada. Sin embargo, el estado tiene una influencia considerable sobre este sector. En primer lugar, una gran parte del mismo es la agricultura, que depende del estado y es gestionada por hogares campesinos que no quieren romper con su dependencia del estado. En segundo lugar, aunque sea accionista minoritario, el estado ejerce una influencia desproporcionada sobre muchas empresas privadas. En tercer lugar, a través de las joint-ventures y otros medios, el estado ejerce un elevado control sobre las multinacionales, y prescinde de ellas tan pronto como tenga una alternativa doméstica. El sector privado residual es muy pequeño.


3. Cerca de un tercio del PIB es producido por las TVE. La mayor parte es producida por las TVE más grandes que están controladas por los gobiernos locales. Las más pequeñas son principalmente empresas privadas y están en las zonas más pobres y atrasadas del país.


Si el gobierno de los EEUU nacionalizase las 1000 principales industrias manufactureras, tendría aproximadamente el mismo control sobre la economía estadounidense que el que ejerce el estado chino sobre su economía. Si además el gobierno federal poseyera todos los mayores bancos e instituciones financieras (y prácticamente sólo prestase dinero a las empresas estatales) y una gran parte de los servicios y de la industria de la construcción, sin mencionar las tierras que los campesinos labran, e implementara un plan quinquenal, nadie negaría que una economía planificada habría sido introducida en los Estados Unidos. El diario The Economist, pese a sus panegíricos sobre la propiedad privada, reconoce que en China las palancas fundamentales de la economía está en manos del estado.


“Las empresas de propiedad estatal están mucho más preocupadas en conservar a sus clientes y sus empleados que en generar un beneficio, e incluso las mejores de ellas no compiten a escala internacional. Los pujantes negocios privados han experimentado por su parte un crecimiento asombroso y han generado la primera hornada de ricos emprendedores. Pero siguen siendo demasiado pequeños como para suponer un contrapeso efectivo al sector estatal. Pero para la mayor parte de la gente, parece que aunque China aún no sea capitalista, la economía está al menos dirigiéndose a toda marcha hacia el capitalismo. Y parece que es el caso. En los últimos 30 años, ha habido un incremento drástico del número de TVE privadas (tanto privatizadas como de recién apertura), SOE privatizadas y zonas económicas libres donde opera tanto el capital chino de la diaspora como el de las multinacionales. ¿Qué sentido tiene debatir sobre si China es o no capitalista, si sólo es una cuestión de tiempo?"


Sin embargo, esto es un punto de vista incorrecto. China no se está moviendo en dirección al capitalismo, pese al incremento de la propiedad privada (durante un periodo de tiempo). Las apariencias pueden engañar.




2 comentarios:

Zaitzev dijo...

Muy interesante!

William Penagos dijo...

Gracias por este aporte tan importante al conocimiento.